martes, 22 de agosto de 2017

Muchas vidas, muchos maestros. Brian Weiss



Me animo a hacer una reseña diferente. Diferente en el sentido de que va a consistir en una opinión sobre lo que un libro trata.

La reseña contando lo que cuenta Muchas vidas, muchos maestros, sería muy sencilla y muy corta. Simplemente habría que decir que habla sobre la reencarnación del alma. Brian Weiss cuenta el caso que tuvo con una paciente en la que está consiguió contar cerca de 90 existencias anteriores. El propio Weiss aclara que no hay forma de demostrar si efectivamente se trata de vidas anteriores, pero deja claro que, a través de la visión de estas vidas por medio de la hipnosis de regresión, se consiguen unos resultados que mejoran el estado de salud de los pacientes.

Cuando se lee este libro, sobre todo si necesitas leerlo porque has perdido a un ser querido y quieres agarrarte a un clavo ardiendo, te convence. Cuando leer más obras de este autor, ya empiezan las dudas. Y si vuelves a leer Muchas vidas, muchos maestros cuando se han despertado las dudas, entonces le encuentras más contradicciones de las que le encontraste al principio.

No suelen gustarme los libros de autoayuda porque dan consejos que pretenden ser infalibles olvidando que lo que puede ser lo mejor para uno, puede ser nefasto para otro. Y cuando se tocan temas metafísicos, la cosa se pone peligrosa. Los leo, sí, y reconozco que a veces me mueve el morbo de sacarle errores e incongruencias. Hay que partir de que la idea de no morir del todo es atractiva y le da sentido a una existencia vacía por el hecho de que cuando morimos, importa poco todo lo que hayamos hecho y todo lo que hayamos tenido. Incluso esos momentos que dicen que son lo único que nos llevamos, dejan de tener sentido. Es muy fácil abrazarse a la idea de que después de la muerte, la conciencia sigue existiendo. Porque da esperanza.

Pero luego te pones a analizar fríamente, algo que no debe hacerse jamás en asuntos de fe, y te das cuenta que aunque sea verdad lo que cuenta este libro, no resulta muy atractivo. Vale, he podido vivir otras vidas antes, pero no recuerdo nada. ¿De qué me vale lo que hice o lo que tuve si he empezado de nuevo sin recuerdos? Si otra vida me llamé Noelia, Noelia ya está finada y su obra, sus acciones, sus aficiones y en general su vida, está olvidada. ¿Qué sentido tiene está teoría de la reencarnación? ¿Que el alma tiene que aprender y para ello necesita materializarse en un cuerpo? ¿Y así hasta el fin de los tiempos? ¿Qué pasará luego? ¿Seremos almas vagando por el universo para siempre? ¿Nos reencarnaremos continuamente? ¿Qué pasará entonces cuando el ser humano destroce este planeta agonizante? Si partimos de que el alma necesita reencarnarse para poder evolucionar, entonces damos por sentado que sin un cuerpo que sienta tanto dolor como felicidad, el alma pierde todo lo que da sentido la vida. Imagino que lo que queda es una especie de conciencia para la que, sin duda, tampoco importará nada lo que hayamos hecho. Y por mucho que lo intento, no termino de verle el sentido a la idea de evolucionar. Evolucionar constantemente ¿para qué? ¿Para asemejarnos a Dios? ¿Y luego? Recuerdo un pasaje de la Biblia que dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Y yo creo que es más bien al revés, que fue el hombre el que hizo a Dios a su imagen y semejanza. Y en esa creación están todas las virtudes de la vida. Cuando lees que el alma necesita un cuerpo de carne para avanzar, te preguntas por qué lo supuestamente perfecto necesita la imperfección caduca para evolucionar. Y le encuentras menos sentido todavía. Eso sí, que nadie subestime el poder de la mente. Que si se nace con un miedo irracional al agua, o en mi caso, a las explosiones, la mente, en este proceso de hipnosis, te va a dar imágenes que expliquen esos miedos. Desde haber muerto ahogado, o en una guerra, a una experiencia traumática que hayamos podido tener cuando no éramos conscientes de nuestra realidad, como una explosión cercana que nos asustará o haber visto morir a nuestra mascota ahogada en un río profundo. La mente siempre nos dará explicaciones para esos miedos y dicen que, en algunos casos, conocer el origen del problema ayuda a solucionarlo.

Soy de los que piensan que el Universo funciona con una precisión absoluta como para ser producto del azar. Y también que este pensamiento solo me deja una pregunta: ¿Cómo comenzó todo? Lo que simplifica mucho las cosas. No deja de ser sorprendente que la diferencia principal entre hombres y mujeres encajen de un modo perfecto para que pueda seguir habiendo vida. No deja de ser sorprendente el movimiento perfecto de los astros para que todo tenga su ciclo en las cuatros estaciones y los días su duración propia. Pero también pienso en que si tuviéramos en el interior un alma que sabe que no va a morir, el ser humano no se agarraría con tanta fuerza a la vida ni el instinto de supervivencia sería tan fuerte. Si dentro de un tiempo volveremos a nacer, ¿para qué luchar cuando todo está perdido?

Brian Weiss sufrió el fallecimiento de un hijo justo antes de descubrir a través de la persona que Catherine representa que la vida no se acaba. Quizá fuese él el primero que necesitaba agarrarse a esta idea provocando mediante la hipnosis una corriente de recuerdos que como él bien dice, no hay manera de demostrar que son experiencias reales. Y el insistió en esos recuerdos para convencerse de que su hijo volvería con él. Porque afirma que existen grupos de almas que se van encontrando una y otra vez, pero nadie se acuerda de nada. Dicen que estos encuentros se producen para corregir fallos en el pasado, pero no saben definir qué es un fallo sin tirar de lo que dicen los libros de las religiones y, lo peor de todo, es que si volvemos a encontrarnos para arreglar los fallos, aquellos que los cometieron ya no están y no recuerdan nada si resulta que de verdad somos nosotros. Además, parece ser que en vez de arreglar esos errores, en este presente tendemos a volver a cometerlos y de un modo más manifiesto.

sábado, 19 de agosto de 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

Humanidad.

A raíz del atentado de Barcelona he oído decir que sobran humanos y falta humanidad. Con lo primero estoy de acuerdo. Con lo segundo, menos. El diccionario nos da dos significados para esa palabra. Uno es El conjunto de los seres humanos. Por tanto, si sobran seres humanos, sobra humanidad también. El segundo es Capacidad para sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas. Con ese sí puedo estar de acuerdo en cuanto a su falta. Tomando el primer ejemplo, pienso que si el ser humano no existiera, este planeta no estaría tan deteriorado. El ser humano es el único que asesina a animales indefensos, algunos con el agravante de hacerlo por diversión. Como ese grupo de cazadores que patea un territorio donde las zarpas del hombre aún no ha vertido cemento y hormigón. El ser humano es el único que a la tortura de un animal en una plaza lo llama arte, como si ver como un toro se desangra sin poderse defender provocase la misma emoción que el Partenón o las Pirámides de Egipto. El ser humano es el que hace daño gratuitamente, como esa buena mujer que tiene a sus hijos escondidos cuando hay una sentencia judicial que le ordena que los entregue. Me gustaría saber si un hombre fuese el que desobedece, si las cosas estarían así. El ser humano es el único capaz de denunciar malos tratos y tiempo adelante, volver a tener un hijo con su maltratador. Y si me pongo a decir las barbaridades que comete el ser humano, puedo no acabar nunca.

El ser humano es la ilógica en estado puro. El ser humano es el egoísmo más cruel. La humanidad no sé lo que es. Ayer tarde, en Barcelona, muchas personas verán la existencia de un modo diferente. Y a estas horas 13 no volverán a ver nada. Obra del ser humano. Obra de la humanidad. Un capítulo más para un día menos. Sobra el ser humano, sobra la humanidad y sobra un día como este.

miércoles, 16 de agosto de 2017