viernes, 22 de septiembre de 2017

Desmontando espiritualidades.

video

18. Venga, ya. No me digas. Lo que dice este punto es cierto. Así, a secas. Pero si luego nadie predica con el ejemplo, algo de dificultad tiene que tener. Creo que hay que pasar por una experiencia muy próxima a la muerte para ser consciente de ella realmente. Está ahí, sí, pero la mente se centra en que eso le pasa a los demás. E intentar explicar la certeza de la mortalidad es intentar explicar el sabor de la manzana. Hasta que no la pruebes, no sabrás exactamente a qué sabe una manzana.

17. Más de lo mismo. Qué cosa tan curiosa esta gente que se dedican a montar videos para dar lecciones que luego ellos son los primeros en desobedecer. Todos moriremos, incluso las personas que amamos. ¿O me está diciendo que por el hecho de morir ya hay que perdonar sin medida? Hay conductas que se pueden perdonar, sí, pero la situación no volverá a ser la misma. Y quien diga que no, miente.

16. Poca hambre debe haber pasado el que ha hecho esto. El dinero es importante. Lo único que pasa es que esta sociedad mega consumista ha hecho que surjan corrientes que rechacen el valor de las cosas. Qué le pregunten a quien no tiene un techo para dormir una noche fría si la riqueza material no es riquezas. El dinero es igual de importante para la felicidad que la salud. Una vez más, todo depende del uso que se le dé. Pero eso de decir que la riqueza material no es riqueza real... Lo puedo entender si hablamos del que tiene 6 mansiones y del que tiene 1 pisito. Lo importante es el hecho de tener un techo donde refugiarse. Pero de ahí a decir que no es riqueza real... Pues vale, muy bien. Cuando no se tenga una moneda para un trozo de pan, vienes y me dices que estás genial y conforme con tu vida...

15. Eso es. No corras. Quédate quieto tumbado en tu cama. Ya verás como la comida viene sola y como esa persona que va a compartir tu corazón también... También te van a proyectar el cine que te gusta y los atardeceres en la playa si no te mueves. Vale, no corras si no quieres. ¡Pero muévete!

14. Estoy de acuerdo con ello. Pero después de 38 años he acabado por rendirme ante una sociedad que no mira que en ese detalle hay una cantidad de tiempo considerable. E importa más el tamaño del detalle o regalo que todo el tiempo que se haya dedicado a ponerlo en escena para este momento en particular.

13. ¿Se puede saber entonces por qué estás haciendo un video de estos si sabes que estos consejos no son válidos para todo el mundo porque es imposible hacer feliz a todos por las diferencias de criterios y formas de ser?

12 ¿Qué demonios es la perfección? Para mí un simple buenos días, el tiempo que se emplea en eso, ya es perfecto. Pero también conozco a quien para que sonría hay que llevarla a un palacio de cristal. La perfección como tal es imposible. Pero uno puede, a base de voluntad, conseguir que muchos momentos sean perfectos y ver a esa persona especial como alguien perfecta en todas sus imperfecciones.

11. Supongo que el que ha hecho este video lo lleva a la práctica... El ser humano necesita fallar mucho para aprender, si solo aprenderá cuando pierda cosas valiosas por esas acciones de las que ahora no es responsable. Es un buen consejo, pero la experiencia me ha enseñado a que hace falta experimentar el dolor el carne propia para ser consciente. Y si ya cuento la de gente que se ha vuelto a acomodar y a perder sin ser responsables de sus actos y cuyas palabras refleja lo contrario a esas acciones... mejor me pongo a llorar.

10. Cierto, como sea una riqueza grande, verás tú lo bien que se lo van a pasar los herederos. Pero vuelvo al punto 16. La riqueza tiene el valor que tiene. Y la que evita el sufrimiento, un trozo de pan para el hambre, un techo para el frío, un lugar donde dormir... Esa riqueza sí es importante, en el lecho de muerte y donde sea. Y que no tengas un seguro o dinero para pagar tu despedida, que verás tú... Y ya puestos, en el fondo, nada importará en tu lecho de muerte. Ni siquiera si has sido feliz o un desgraciado. Pero qué bien queda decir que la riqueza se queda aquí... también se queda la traición, el dolor y el sufrimiento.

9. Exacto. Hacer videos chorras como estos y escribir cosas espirituales cuando pasas consulta a cantidades desorbitadas, habla muy poco del pulido del talento y bastante del pulido de la avaricia.

8. Eso es, tú no recuerdes las meteduras de pata, que ya verás. No se trata de vivir en el pasado, se tarta de aprender de él, y para eso debe estar presente. A veces, se debería de pulir el talento y decir las cosas más claras.

7. Después de leer este punto, me dan ganas de retractarme de lo dicho anteriormente. Pero también resulta un consejo demasiado obvio. Yo estoy cansado de escuchar esos comentarios estúpidos de "ya se verá" "pensamiento positivo" "ya llegará la oportunidad". "no te quejes". Y lo dicen gente que saben perfectamente las penalidades que algunas personas pasan en su vida. Es cierto que nosotros escribimos nuestra historia. Pero yo pienso que la historia siempre es más bonita que se escriben entre dos, por difícil que sea. Aquí no puedo decir nada negativo, dice una verdad como un templo, por desgracia.

6. Bueno... Las palabras son más peligrosas que las armas y hacen más daño. Sobre todo porque hay ciertos capullos y capullas empeñados en decir palabras y luego contradecirse o comportarse de modo que se convierten en dardos de vacío que hacen mucho daño. Las palabras son importantes sí, y deberíamos tener cuidado cuando las usamos.

5. Bueno... A ver, es cierto y es verdad. Como se ha dicho ahí arriba nadie va a mirar por ti. Pero creo que hay tiempo para todo. Y que la humanidad tiende al egocentrismo y muchas veces no somos conscientes de ello. Pedimos y pedimos y nos olvidamos de dar. Pedimos que cuando a nosotros nos viene bien se nos dé la atención que creemos merecer, pero luego no somos capaces de ponernos en la piel del otro. Por desgracia, en estos momentos vivo algo similar. Alguien tiene prioridades y cuando yo necesito que esté, no está. Pero cuando ella puede, tiene que ser ya. Y importa poco lo que yo invierta en mí. Siempre será juzgado de egoísmo. Y hay que ser muy fuerte mentalmente para que esto no te importe. Dudo que ver un video te haga ser consciente de ello.

4. La reacción no siempre es programada ni voluntaria. Si al que escribe esto se le muere un hijo, seguro que lo supera, pero la reacción que tendría importaría poco. Se volvería loco, buscaría clavos ardiendo para no volverse loco. Lo que sucede es importante, claro que sí, porque muchas veces, es lo que provoca tu reacción y esa reacción, si lo que sucede es muy grave, no se puede controlar.

3. Eso es. Empieza a construir constelaciones para que cuando te mueras, un video chorra de estos te diga que nada importa. Venga ya, déjame construir mi vida en los detalles pequeños, en disfrutar de una sonrisa y un café. Es temporal sí, pero me gusta tenerlo cada día. Por muy temporal que sea. Prefiero esto a las constelaciones.

2. ¿Eh? La ambición es en mi opinión lo que impide disfrutar de las cosas. Si tienes una ambición permanente y buscas mejorar siempre. ¿Cuándo disfrutas lo que has conseguido gracias a esa ambición? Usa la ejecución, pero darte el lujo de parar y disfrutar lo conseguido. A fin de cuentas, cuando nos muramos, no importará nada.

1. La verdad sea dicha que desmontando videos chorras como estos no es una buena manera de pasar el tiempo. Repito, contradicciones y repeticiones. Los consejos solo valen cuando el que predica los sigue y solo valen para él mismo. El tiempo es oro, estoy de acuerdo, pero seguro que hay quien prefiere hacer otras cosas para enriquecer la existencia que seguir consejos que, en el fondo, en esta sociedad que vivimos resulta complicado.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Lo que quiero y lo que no.

No quiero un beso porque sientas pena;
pero quiero escuchar tu despedida,
no quiero porqués, porque así es la vida,
y quiero para ti, una vida plena.

No quiero miedo que sea condena
cuando andes por mi tarde adormecida
de sueños que pasaron a otra vida
que también es hermosa y está llena.

Pero quiero escuchártelo decir;
que al final, la naranja fue limón 
sin mitades que puedas compartir.

No quiero tiempo falto de emoción
ni amores que te obligues a sentir
si no pueden nacer del corazón. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Así te siento.

Sé lo que quiero escribir
en el alma de este texto
pero no seré capaz
de expresarme por completo
porque así estás en mis ojos
y el lenguaje se hace viejo;
lo que provocas en mí
es más futuro que nuevo.
Cómo lágrimas de luz
de los cisnes del invierno
lloviendo en Navidad
en los arco iris del cielo
es la esencia de la brisa
que hace danza en tus cabellos.
Es como un navegador
que te lleva hasta el lucero
de mirarte al despertar
y pensar que sigue el sueño,
que no puede ser verdad,
que esto no puede ser cierto,
tanta magia concentrada
en los poros de tu cuerpo.
Como espuma y polvo astral
en la brisa del desierto,
se deshacen espejismos,
y tu risa es del océano
de la corriente vital
que a tu lado entrega el tiempo.
Como el fuego hecho de nieve,
como un sueño hecho de besos,
una estrella solitaria
se apodera de mi pecho
y de todos los latidos
que produce el lado izquierdo.
Puede que haya otras personas
que no piensen lo que pienso,
que no perciban la luz,
que en tu alma yo contemplo.
Puede ser que ni tú misma
sepas que eres lo más bello
que jamás vieron mis ojos,
me desarmas por completo.
Puede que no sea verdad
las palabras de estos versos,
a niveles objetivos
pero es así como te veo.
Puede ser que sea verdad
o que digas que te miento,
te repito, sólo escribo
que es así como te siento.

martes, 19 de septiembre de 2017

El puente hacia el infinito Richard Bach


Esta es otra de las reseñas que se pueden considerar especiales y no reseñas propiamente dicha. Aquí sería muy poco lo que hay que comentar sobre de qué trata el libro. Simplemente, Richard Bach nos cuenta una historia sobre el alma gemela y connotaciones espirituales que debemos adoptar para enriquecer nuestra vida y existencia. Pero... Pero nada.

Porque aunque la idea sea buena, porque aunque exista un orden superior y un destino que pone en nuestro camino las piezas adecuadas para hacernos mejores y crecer, alguien que da ejemplos y peor aún, que se pone de ejemplo, a mí no me convence. Pero si además es el primero que no sigue aquello que predica, entonces consigue sacar lo peor de mí a base de comentarios un poco hirientes y mordaces.



Aquí el amigo tuvo su éxito con el libro Juan Salvador Gaviota, del que no opinaré porque gracias a Dios no lo he leído pero que menciona varias veces en Puente hacia el infinito. Realmente, este libro no cuenta nada. Cuenta que conoce a la actriz Leslie Parrish y que en un momento determinado y sin saber muy bien por qué, en una de sus regresiones a vidas pasadas mediante la autohipnosis, descubre que se estrellará en su avión si no se casa con Leslie, porque es su alma gemela. La verdad es que no entendí este planteamiento. ¿Una regresión hablando del futuro? Pues parece ser que sí. Y en principio, el libro sigue con la tónica del alma gemela que nos vende la farándula exterior. No del modo del príncipe azul que vende el cuento, pero tampoco profundiza en que alma gemela o alma melliza, una convivencia va a estar poniendo a prueba constantemente a dos personas. Y más como sean dos personas diferentes y con carácter fuerte o especial.

El libro tiene partes que ni la mejor comedia del mundo imagina. La parte del viaje astral con el gato me mató. Y ojalá fuera así, ojalá. Ojalá los animales también pudieran volver a existir sobre todo para que la mayor aberración de la creación, el ser humano, los siguiera matando para alimentarse o para experimentar sus tonterías. Por esta regla de tres, el granjero que le mete un cuchillo a un cerdito o un pollo a diario, lo va a seguir haciendo siempre. Y llegamos al final, donde nuestro amigo Richard ha aprendido a reconocer a su alma gemela y puede enfrentarse a la vida con un apoyo importante para seguir creciendo. Pero, ay amigo, lo malo de la palabra escrita es que perdura. Y si luego me entero que has abandonado a tu alma gemela y que ahora mismo estás con una mujer 33 años más joven que tú... Pues supongo que esperas que me creas que también es tu alma gemela. Aquí cada quien con sus teorías y sus licencias. Quizá cuando me conviene tener 20 almas gemelas, las tengo. Y cuando me conviene tener una, solo existe una. Aquí ya te retratas tú solo y tu libro se queda en eso, un libro aburrido que antes era aburrido pero que al menos, te daba esa esperanza de que ahí fuera había una persona para ti.



Y aunque la hay, estoy seguro que la hay, no la relaciono con lo gemelar de las almas, ni siquiera sé si existe el alma. Pero lo que sí que tengo claro es que esa persona que te acompañará, te va a poner a prueba cada día. Te va a hacer crecer a base de voluntad, te va a hacer más tolerante a base de pleitos y te va a hacer mejor negociador a base de diferencias. Estos conceptos están más cerca del alma gemela que lo que nos venden estos escritores y estas historias cuyo final feliz se cierra y no nos deja ver qué ocurre después. Si algo he aprendido en estos 38 años es que el amor es un trabajo. Y que es cierto que hay personas con las que de ninguna manera puede funcionar. Yo mismo he vivido relaciones que proponían cambiar cada día y eso tampoco es. No creo que el ser humano deba cambiar. Debe estar con gente que respete su esencia y que compartan principios. Y hacer una guerra diaria. Una guerra donde es necesario pararse y dar un beso por mucha prisa que se tenga. Una guerra donde pienses que llega tarde de trabajar y se merece tener la cena preparada y que por muy cansado que estés, te pongas a prepararle su plato preferido para sorprenderla cuando llegue. Una guerra donde nunca falte una palabra... Es muy fácil decir que uno está enfadado y que por eso no habla, es muy fácil decir que el estrés provoca una conducta destructiva y es muy fácil que te guste una mujer 33 años más joven y como piensas con el centro del cuerpo, abandonas lo que has construido y donde dije "a", ahora digo "z". Pero se trata precisamente de lo que no es fácil. Se trata de que si con esa persona tu vida es mejor, te olvides del cansancio, de los problemas y de las prisas. Y sobre todo, te acuerdes de que a veces, solo es necesario un segundo para salvar un día. Seáis almas gemelas o, simplemente, dos personas que os habéis encontrado en el mundo en el momento más inesperado




sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Qué más puede salir mal?

Nunca protestaba por nada. Siempre prefería pensar que debía de haber alguien en el mundo que estuviese en una situación peor a la de él. Y, por supuesto, estaba en lo cierto. Lo que nunca pensaba es que también hay gente que sin hacer ningún esfuerzo más que aprovecharse del trabajo de otros, tenían una situación infinitamente superior en bienestar a la él. Y sin embargo, su superstición superaba todo lo conocido.

Aquel día el pie que primero puso en el suelo al levantarse fue el izquierdo, aunque no reparó en ello. Ni lo haría. Había hecho movimientos de gimnasta para poder poner primero su pie derecho al levantarse por la mañana o cuando se levantaba del sofá o la silla. Y, como siempre debe haber una primera vez, este día fue el primero que se levantó con el pie izquierdo aunque no hubiese sido consciente de ello.
Tomó su desayuno como hacía todos los días, después de lavarse la cara y vestirse con la ropa que dejaba sobre la mesa antes de dormir. Cuando estaba untando la rebanada de pan con la margarina, ésta se le cayó sobre el pantalón y tal como dice Murphy, por el lado donde estaba untada la margarina. Soltó una maldición y fue a su dormitorio a por uno limpio. Cuando estaba abrochando el último botón, se quedó con él en la mano. Lo tiró con rabia en la cama sin hacer y cogió el último limpio que le quedaba en el armario y rezó a su ateísmo para que no se le estropease éste. Poco después salía por el portal en dirección al trabajo. Nada más salir, una paloma le dio la bienvenida tras descargar su aparato digestivo. Si hubiese tenido algo que arrojarle a la paloma hubiese batido algún record olímpico a la hora de lanzarla lejos de él. Su camisa de manga larga y color celeste quedó inservible. Tuvo que volver a casa. Cuando volvió a salir fue directo hacia el trabajo. Los quehaceres pendientes los haría tras la jornada. No le daría tiempo. Al llegar a la plaza donde se ubicaba su oficina, los reflejos que desarrolló durante sus años en el equipo de fútbol jugando de portero lo libraron de recibir un fuerte balonazo aunque el movimiento de su mano para despejar el balón de su trayectoria su cabeza, no fue todo lo fuerte que debiera y su mano se dobló ante el contacto con el balón. Maldijo en voz alta y se sujetó la muñeca derecha con su mano izquierda. Echó un vistazo a su alrededor con la esperanza de encontrar al que había pateado el balón y poder descargar su frustración con él. Aunque supiese que al final, guardaría silencio. Pero lo único que vio fue correr a un niño moreno perdiéndose entre las fachadas de los edificios. Se soltó la mano derecha e hizo varios giros de muñeca. Todo parecía estar en orden.

Entró en la oficina y sus compañeros lo recibieron con caras apesadumbradas. Se sentó en su silla y preguntó a su compañero qué era lo que había ocurrido. El compañero le contestó con voz baja que había venido los jefes de la oficina del centro y aquello nunca sucedía para traer buenas noticias. Y más con los tiempos que corren. Sin contestar palabra, encendió su ordenador y se disponía a comenzar su jornada laboral. Nadie le preguntó el motivo de su retraso, cosa que agradeció por evitar la humillación de contar como la evacuación de una paloma había sido la causante de la llegada a deshoras. Cuando el ordenador de terminó de iniciar recibió un aviso de un fallo del sistema de antivirus y cortafuegos. Acto seguido el sistema se bloqueó y tras iniciarlo de nuevo, el bloqueo persistía. Golpeó con las manos la mesa de forma leve. Uno de esos malditos virus creados por gente aburrida de vidas mediocres le había fastidiado el equipo y, posiblemente, le había hecho perder datos valiosos. Maldijo en voz baja. Su día había comenzado hacía a penas cuatro horas y le habían llovido demasiados golpes de mala suerte.
Cuando consiguió reiniciar el equipo y volver a instalar todos los programas y de recuperar algunos datos, su teléfono sonó. Lo requerían en el despacho del jefe. Se levantó pensando las explicaciones que iba a dar por el problema surgido con su sistema y qué palabras usaría. Nada más llegar, vio a dos hombres sentados junto al que era su jefe desde hacía dos años y notó las miradas que se clavaban en su persona.

"mire usted, estamos pasando por momentos difíciles y la empresa debe hacer recortes, usted ya me entiende..."
"No, sinceramente, no lo entiendo. No entiendo que tiene que ver los tiempos difíciles con el que hecho del que al ordenador se le haya metido un virus"
"No, no es eso. Por supuesto que no tiene nada que ver. Es más, ha hecho usted un buen trabajo recuperando el sistema. El problema es que debemos recortar la plantilla y usted es uno de los elegidos. Lo siento mucho.

Hizo un esfuerzo porque las lágrimas no aflorasen en sus ojos. Salió sin despedirse de sus compañeros que ya recogían sus cosas para salir. Antes de que todos saliesen, sonó el teléfono de dos más. él ya sabía qué les iban a decir. Cuando salió a la calle, pensó en las dos tareas más próximas que debía realizar. Llevaba quince años jugando la misma combinación de lotería y aquella noche era el sorteo. Tenía hasta las nueve para validar la combinación. A las cinco tenía una cita en un centro de tatuajes. Decidió comer alguna cosa en un bar cercano a la oficina y después iría a tatuarse. Por último validaría el boleto de lotería. Comió acompañado de las noticias deprimentes que todos los días nos visitan. Llamó a su novia para invitarla a cenar e informarla de su nueva situación laboral. Se despidió prometiéndole una sorpresa. Al terminar de comer, sintió varias punzadas de dolor en su vientre y le hizo temerse lo peor.

Media hora antes de su cita con el tatuador estaba sentado en su baño acordándose de la paloma de la mañana. Si aquello persistía, no llegaría a tiempo. Alcanzó su teléfono móvil y llamó al centro de tatuajes. Contó su problema y el tatuador lo arregló para cambiarle la hora. A medida que la tarde iba pasando, los dolores de estómago fueron disminuyendo y ahora pensaba que a la nueva hora, sí que podría llegar a tiempo. Cuando consiguió que pasara media hora sin que su estómago se quejara, decidió darse un baño. Sus cálculos le confirmaban que tenía el tiempo justo. Pensó que otro ataque intestinal supondría la cancelación de marcar su piel, hecho durante tiempo deseado. Tenía que ser hoy. Volvió a rezar a su ateísmo. El contacto con el agua fría pareció revitalizar sus sentidos y la sensación de bienestar después de un día que estaba resultando desastroso a todas luces, lo iba invadiendo lentamente. Se vistió deprisa, dio dos pulsaciones a su frasco de colonia y fue directamente al centro. Cuando dobló la primera esquina hacia su destino, comenzó a llover. Se resguardó bajo el toldo de una pequeña pastelería y miró el reloj. Si volvía a casa a por un paraguas, llegaría tarde. Decidió ir bajo las protección de algunos toldos, que no cubrían todo el trayecto. Llegó finalmente al centro empapado. El tatuador lo miró y con gesto cómico, le entregó una toalla. Mientras se secaba cayó en la cuenta que no había validado el boleto con los números que llevaba quince años jugando. Bueno, el tatuaje no era muy grande, y este hombre era un experto. Seguro que le daría tiempo después. El dibujo que se tatuaría estaba determinado desde hacía varios días, pero cuando sintió la aguja clavarse en su piel, hipersensible al dolor como era el muchacho, se preguntó por qué diablos había decidido hacer semejante locura. El reloj seguía avanzando y aquella tortura no acababa. Cuando por fin el hombre dijo que había acabado, el suspiro de alivio se oyó hasta en la última planta del bloque donde se ubicaba el negocio. Después escuchó nervioso los consejos post tatuaje, como lavar con agua el dibujo y poner film transparente. Tendría que volver pasados unos días a ver qué tal iba. Pagó y salió de allí corriendo. Seguía lloviendo. Todavía faltaban diez minutos para que se cerrara el plazo de validación de boletos. Llegaría. Seguro que le tocaría tirar el boleto al contenedor de reciclado de papel, pero aquello era ya un ritual. Corrió varias calles bajo la fina llovizna que caía y cuando llegó a la administración, estaba cerrada. Luego cayó en la cuenta que los jueves por la tarde, el que validaba los boletos era un trabajador del Ayuntamiento por la mañana y al parecer, estaba muy acostumbrado a trabajar menos de la cuenta... Cuando el río suena, agua lleva. Y nunca mejor dicho. Luego los "trabajadores" de los ayuntamientos que quejan... No miraría el resultado del sorteo por si acaso, aunque tenía la sensación de que se había ahorrado el importe del boleto.
Se fue al restaurante donde había quedado con la mujer con la que llevaba compartiendo su corazón tres años. No había llegado aún. Se metió en el aseo y se secó con un puñado de toalletas que allí habían. Salió y se dirigió a un camarero para indicarle que tenía una mesa reservada. Elizabeth aún no había llegado. Se sentó y pidió una botella de vino de la casa. El camarero le sirvió una copa y dejó la botella dentro de una hielera. Al fondo del muro lateral del restaurante un flamante televisor de pantalla de gigantescas proporciones, puesto allí para aumentar la vanidad y el egocentrismo del propietario, daba las mismas noticias deprimentes que había visto en la pequeña pantalla del bar donde había almorzado. Elizabeth llegó y lo besó en la mejilla. El maquillaje que traía aumentaba su peso corporal en un par de kilos. Él sonreía sólo con verla y ella aquella noche parecía tener prisa. Había aceptado la invitación para cenar con varios días de antelación. Marcos no entendía sus prisas, sabía que tenía un compromiso. ¿Qúé ocurría? Tuvo la genial idea de enseñarle su tatuaje. Un precioso corazón rojo con su nombre dentro. Elizabeth. "Pienso tatuarme tu caras debajo de este, ¿qué te parece?" Ella no sonrío y habló sin mirarlo a los ojos. "Marcos, no quiero continuar con esta falsa: Llevo acostándome con otro desde cinco meses y creo que me he enamorado de él. No merece la pena seguir. Buena suerte en tu vida" Se levantó y se fue sin mirarlo, sin decir ninguna palabra más. Tuvo la sensación de que el despertador sonaría de un momento a otro. ¿Qué haría con el tatuaje? Por lo que tenía entendido era una marca para siempre. De un trago vacío lo que quedaba en la botella y se dirigió a la caja para pagarla. Se le había quitado el hambre. Miró fuera. Seguía lloviendo pero no le importó. Un camarero gritó que pusieran el canal de la lotería, que estaba seguro que esa noche iba a mandar a la mierda al jefe y al maldito restaurante aquel de poca monta. El cajero obedeció. El sorteo se había celebrado y repetían la combinación ganadora. No pudo evitar oírla. Quería morirse.