viernes, 24 de febrero de 2017

Iniciativa #PRÍNCIPERANA Mujeres que compran flores de Vanessa Monfort.


Vanessa Monfort

Cuenta la leyenda que una vez existió un programa donde alguien se sentaba en un trono y se convertía en reina. O en rey. Y sus súbditos eran chonis. O canis. Imaginemos que el programa, para desgracia de la humanidad, se emitiese durante cien años. Estoy convencido que Marina, protagonista de Las mujeres que compran flores, sería la reina de todas ellas y no habría forma posible o imposible de echarla de ese trono. 

Y maldita sean las etiquetas y maldita sea la ignorancia por haber elegido este libro para participar en una iniciativa del maravilloso blog http://nosololeo.blogspot.com.es/ que consistía en leer una novela romántica. Y a ver, que esto es una historia de amor, de amor en muchas vertientes, pero no es esa historia que nos imaginamos cuando pensamos en historia romántica. Aquí no hay chica y chico maravillosos se conocen, comienzan una historia, la cagan y se estropea y luego son felices hasta el punto y final de la historia. Aquí tenemos a una choni que se erige en protagonista, nos desquicia con su bipolaridad y ni el dios más poderoso de todos los mundos la echaría del trono de reina. La iniciativa es príncipe o rana y esto, a pesar de sus enseñanzas, de pesar de que el personaje de Olivia muestra una coherencia intachable y necesaria, se puede calificar como aborto de renacuajo. No llega ni siquiera a ser rana. 

Es la historia de seis mujeres que compran flores. O mejor dicho, de 4, porque Olivia es dueña de la floristería y Marina aparece allí porque deambula perdida y Olivia le ofrece un trabajo. El plantel lo completan Aurora, Victoria, Casandra, y Gala. Cada una con un pensamiento, cada pensamiento con su abismo de diferencia pero muy definido y en medio, una conversación donde se dan consejos que nadie sigue en el sentido de que se comportan justo de la forma que dicen que no hay que comportarse. Y es el amor lo que mueve las conversaciones de estas mujeres de 40 años. Salvo Olivia, que es la sabia y repito, la única coherente de este plantel. Aurora, por influencia de sus padres, tiene miedo a las relaciones sexuales y vive con un parásito que no aporta nada, que se acuesta con otras personas y se ofende. Además, de demostrar continuamente su complejo de inferioridad antes los cuadros de Aurora, que son superiores a los de él. Luego tenemos a Victoria, la madre perfecta de familia, la que lo lleva todo hacia delante, la que permite que su marido disfrute de todo sin poner de su parte en las obligaciones que dos hijos acarrean y un trabajo de responsabilidad al que le han propuesto ascensos que su marido no ha aceptado por miedo al cambio y también por miedo de que su mujer aporte más que él. Victoria tiene la posibilidad de ser amada y romper con la línea recta de la vida. Y aparece el miedo. Romper con la línea recta de su vida significa que la otra parte también tiene que romper con la de él. Y enfrentar chantajes emocionales que son tan reales como absurdos. Es una pena que exista gente así. Casandra es la mujer perfecta. Dependiente, rica y aparentemente fuerte, se encuentra con el obstáculo de que los hombres no se atreven a tener una relación con ella porque les impone, porque les hace sentir pequeños y porque les tienen miedo. Aquí no he podido dejar de ver un atisbo de chulería por parte de la autora y el lema de mujeres al poder. No digo que no haya hombres que teman a una mujer más preparada que ellos, pero le aseguro a la señora Monfort que no es la regla general. Y "lo más mejor de todo" es que el juego que tiene Casandra con su amante es para acercarse a la mujer de éste. Porque resulta que tanto llorar por los hombres y resulta que nuestra Casandra es de la acera de enfrente. Y me parece estupendo, lo que no veo es que llore y se queje por algo que no ama. Gala, una mujer elegante que colecciona amantes como colecciona vestidos. adopta esa postura por el daño pasado. Quizá del grupo de las 4, es la que menos dolores de cabeza te da, es coherente y tiene muy claro que sus parejas tienen fecha de caducidad. Se muestra así y es la que da respuestas más firmes por lo claro que tiene su modo de vivir, hasta que conocemos el por qué de ese modo de vivir y el destino abre su puerta enseñándole a quien tiene la llave para la cerradura de sus miedos.  Olivia es la paz del grupo. La guía que sabe dar la flor necesaria, la que conoce el mensaje de las flores que estarán presentes en todos los momentos cruciales de esta historia. Tiene un pasado a sus espaldas que sabe maquillar muy bien pero que no olvida. Orgullosa de su forma de ser, sabe qué tiene que decir en cada momento y sabe qué flor tiene que regalar en cada momento. Es el personaje que más paz ofrece y al que se le coge un cariño mayor

Y por último, la reina de los tronos de las chonis de Telecinco, Marina, una viuda que se pasa la novela entera diciéndole las cosas que no le dijo en vida a su marido. Que cumple una promesa que le hizo a este y era la de coger un barco y navegar sola hasta Tánger para derramar sus cenizas en el mar. En el viaje de ocho días se mezcla vivencias de las mujeres que compran flores con los pensamientos de Marina que son del tipo "Te quise, mucho, pero no fui feliz, estabas conmigo porque sabías que yo no iba a abandonarte", con las vivencias con las otras cinco mujeres antes de embarcarse. Cosas así, durante 400 páginas haces que le cojas una manía importante. Luego da consejos sobre cómo tienen que comportarse las demás. Se atreve a ir a ver a la otra parte de la historia de Victoria y decirle que no ceda a los chantajes de su pareja, porque ella sabe que es a Victoria a quien ama. Me ha parecido frívolo la opción del engaño. Conozco lo suficiente a las personas para saber lo falsas que pueden ser,  pero esto es algo que me parece excesivamente cruel. Si no quieres a alguien, en vez de engañar, en vez de acostarte con otra persona y volver a casa a morir de remordimientos, ten el valor de decir las cosas. El amor puede acabar por la misma razón por la que empieza, sí, simplemente, por ningún motivo en especial. Y aunque duele, se puede actuar de manera para que duela  lo justo. 
Nuestra choni queen se pasa toda la novela reprochando a su marido lo infeliz que fue. Cuando él ya no puede escucharla. Lo que hace una persona con buena salud mental, vamos. Metiéndose en las relaciones de los otros cuando ella no puede ni definir su camino y el punto más alto de este comportamiento que tirando de crueldad innata te hace desear que la tormenta del final mande el barco al fondo del mar y se lleva el trono con ella, es lo que ocurre en dos páginas. Le empieza a contar a su marido la primera vez que estuvo con un hombre tras su muerte. Algo muy interesante, por supuesto, contarle a un difunto que la que fue su mujer se acuesta con alguien que otra persona ha elegido para ella es algo que se hace todos los días... Y al siguiente punto y aparte, se encuentra entre las pertenencias de su marido una carta que este le quiso enviar a otra mujer antes de morir. Y nuestra choni queen se siente mal. Se pasa toda la novela argumentand su certeza de que no fue feliz junto a ese hombre, que ella fue su compañera de abordo, su copiloto eterna, pero no su amor y nada más ver el nombre de Amalia, empieza a gritar TE ODIO, así, con mayúscula, literalmente. Dos páginas después se dice a ella misma que no le perdona que no la abandonase si había descubierto el amor con Amalia. De verdad, una cabra está más cuerda que la choni queen y si la novela no deja una sensación más dulce, es por ella. Aquí dejo una imagen que refleja a la perfección a Marina



Al final todas las protagonistas solucionan sus demonios y los vencen y de verdad que merece la pena conocer cómo consiguen superar sus miedos. Salvo la choni queen, por supuesto. Marina se presenta como un personaje que quiere que se lo den todo hecho. Que la abandonen, que le digan con quien tiene que acostarse... Y en mi parecer le hace perder puntos a esta historia que si bien no se puede catalogar de historia romántica, sí habla del amor. O mejor dicho, de lo que no es el amor y de las cosas que sobran cuando nos queremos acercar a él. 


2 comentarios:

  1. Hola Juanjo me alegro que a pesar de algunas de las protagonistas hayas disfrutado de la historia, pero ya veo que como elección para #PríncipeRana no fue tan acertado. Me ha gustado la reflexión sobre que el amor puede terminar por la misma razón que comenzó: "por ningún motivo especial" todo es posible ja ja ja, gracias por participar en la iniciativa, al menos has dado rienda suelta a tu verborrea con la reseña :)

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    1. Hola princesa :)

      Realmente, es con la protagonista donde te encuentras el desorden en la novela. Lasa demás tienen sus cosas, sus líos, pero no resultan caos. Aunque pueda parecer que sí. Siempre es fácil mirar desde fuera, y muy complicado tener la empatía suficiente para ponernos en el lugar de alguien y poder sentir el miedo que sienten.

      La iniciativa que propusisteis abarcaba más bien las historias de amor. Y en esta novela, digamos que se habla de amor pero no hay una historia de amor en sí. Solo fragmentos pequeños de los que se atreven a intentar ser feliz. Y desgraciadamente, solo dos lo hacen.

      A veces somos capaces de complicarnos demasiado, preciosa. Y en cuanto al amor, yo sí creo que puede empezar porque sí, y, por supuesto, acabar por el mismo motivo. Igualmente creo que cuidándolo y poniendo voluntad, puede perdurar, pero no considero imposible que, igual que un día el corazón latió simplemente porque apareció alguien, deje de latir por el mismo motivo. Quizá un "porque sí" es demasiado simple para que podamos aceptarlo tranquilamente. Pero puede ser perfectamente posible.

      Gracias por idear la iniciativa, por dar motivos para leer y aunque mi estreno en una no ha sido el deseado, la experiencia de haber participado es algo que se queda dentro del saco de las cosas bonitas de la vida.

      Muchas gracias por tu tiempo, por haberte leído este "explaye" de verborrea y por estar aquí. Que tengas una noche tan bonita como tú y un mejor fin de semana :)

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