viernes, 10 de marzo de 2017

Cada tarde.

Cada tarde se sentaba con su libro frente al cielo y frente a la puesta de sol. Esperaba el ocaso, ese era el momento en que una cascada de rizos negros traía el olor a sol, a mar y a viento. Tras besar a la aparición se hacía plena la sensación de no necesitar nada más en la vida

2 comentarios:

  1. Hola Juanjo ya veo que tienes una complicidad con los atardeceres, espero que puedas seguir disfrutando de muchos y que te dejen multitud de sensaciones bonitas.

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    1. Hola princesa :)

      Los atardeceres para mí tienen una magia especial. Desde que era un adolescente y veía las puestas de sol en la playa me fascinan sobremanera. Y si ya le añadimos un libro mientras se espera a la dueña de una cascada morena que huele a sol, a viento y a mar y se tiene el privilegio de poder besarla, no necesitaría nada más en la vida, igual que el protagonista de este escrito.

      Gracias por tus buenos deseos, preciosa. Cuanto menos, se puede emprender el camino hacia ellos y es buena manera de poder encontrarlos :)

      Que tengas una noche llena de cosas bonitas y de sueños cumplidos :)

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