viernes, 21 de abril de 2017

Mariposas

—Pasan los años y las mariposas alzan el vuelo y se marchan. Ya nada es lo que fue. Se cae en la monotonía y comienzan las discusiones por nada. Ese es realmente, el destino de las historias de amor.
—Sí, el paso del tiempo hace que se evapore la sensación de las mariposas en el estómago, pero te diré algo. Cada mañana, le doy los buenos días y un beso a la chica que amo. La miro como si fuera un ritual que debo cumplir. Y mis ojos la siguen viendo tan perfecta y tan bonita que aun sin mariposas, los roces que tenga con ella no ensombrecen lo que siento. Me obligo a ello, a pararme y a mirarla y darle un beso cuando está dormida. No me cuesta más que medio minuto y te aseguro que mi día es mejor, conozco demasiado bien la soledad y sé la suerte que tengo. Es cierto que ya no siento esos impulsos por prepararle el desayuno o llevarle un helado para que cuando llegue a casa lo disfrute. Quizá ya a ella no le hace tanta ilusión, porque es algo que ha dejado de ser una sorpresa. Ella dice que sí, pero no la creo. Aunque estoy seguro que si no le llevara su helado, sí que lo echaría de menos. Sin embargo, mi empeño de mantener lo que un día hacía brillar su mirada sigue en pie. Significa que nada cambia y aunque he visto su cara de ángel disfrutar tantas veces, sigo observándola con atención. Así siempre consigo ver un matiz de luz nuevo en ella. Incluso cuando se enfada por nada, incluso cuando me enfado por nada. Amigo, que el amor deje de sorprender porque llevas experimentándolo mucho tiempo, no significa que se haya evaporado. El jardinero también tiene días malos, días en los que riega sus flores con mala cara, con desgana y con cansancio. Y al final, ellas le regalan sus colores más vivos. Y las mariposas vuelven a contemplar su belleza y su paz.

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