jueves, 18 de mayo de 2017

De la cien en adelante.

He perdido cien batallas
para intentar la ciento una
y perdí otras cien lunas
en los ojos que me fallan
sólo por mirar la playa
sin mirar lo más profundo,
que es también lo más hermoso,
y se vuelve peligroso
pues tan sólo en un segundo
puede destruir tu mundo
con tan solo un movimiento
que removerá mentiras
mientras las palabras giran
y se pierden sus acentos
mientras se las lleva el viento.
He perdido y he aprendido
a ser sordo a la apariencia
y a los hechos que sentencian
que lo dicho no es sentido
y que sólo ha sucedido
por el falso aparentar
la amistad que no se siente
pero la verdad doliente
al final saber llegar,
y el error puede acabar
como se acaba la vida,
como se empieza de nuevo,
con la enseñanza que llevo
pongo parche a las heridas
y comienzo otra partida,
sin saber qué pasará.
¿Quién sabe si a la ciento una
será por fin la vencida?
Y en las mañanas dormidas
podré sentir la fortuna
de amanecer a tu lado
y quedarme contemplándote
con el sol acariciándote,
locamente enamorado.
Solo sé que si me paro
y los pasos se congelan
no saldré del duermevelas
donde nada se ve claro
en la soledad del cielo,
tan vacío sin tu pelo
deslizándose en su azul.
Solo sé que si te miro
y entrelazo nuestros dedos
dejaré atrás los miedos
mientras nacen los suspiros
que bien valen una vida
aunque se falle otra vez,
y es que amarte me hace bien
y provoca sacudidas
en la izquierda de mi pecho
y en la izquierda de ese lecho
donde sueño que despiertas.
Sean cien o sean mil
los adioses que yo viva
cada luna me motiva
para ir detrás de ti
a las galaxias lejanas
o a las paredes cercanas
donde esté la melodía
de tus huellas, tu mirada,
de la luz de tu alborada
para comenzar mi día.

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