martes, 16 de mayo de 2017

Un amante de ensueño Sherrilyn Kenyon



A veces, cuando empezamos a leer una historia, no podemos evitar catalogarla desde el comienzo en un género determinado y a raíz de este acto, esperar a que se sucedan las acciones que más o menos tienes claras. Y a veces, ocurre que tras haber catalogado la obra, lo que descubres es algo completamente distinto a lo que es usual en el género.

Un amante de ensueño invita a que la metas en el saco del género rosa. Y aunque encierra bastantes características que se pueden encontrar en dicho género, haber usado la mitología griega para dar base a una historia que se desarrolla en el presente, ha supuesto un soplo de aire fresco y en mi opinión, una idea muy acertada. Acertada porque hay algo más que una historia de amor con un desenlace que queda claro desde el capítulo primero. Y que juega entre el pasado y el presente de un modo uniforme y homogéneo sin perder el hilo narrativo de la historia.

Julian de Macedonia fue castigado en el siglo II antes de Cristo a permanecer encerrado en un libro hasta que fuese convocado por una mujer para ser su esclavo sexual. Y Grace es una habitante de Estados Unidos del siglo XXI que lo invoca por petición de su amiga Selena, una vidente interesada en el mundo antiguo. Julian aparece dispuesto a cumplir con el destino que la maldición le ha ofrecido pero Grace no es la mujer que necesita un esclavo sexual debido a una experiencia traumática en su pasado. Son dos personajes que se necesitan mutuamente para superar sus miedos. Y lo irán descubriendo a lo largo de las 400 páginas que tiene este libro. A lo largo de ellas descubrirán que su encuentro, con todo su matiz casual, puede desembocar en una causalidad que libere a ambos de sus propios demonios y de la maldición que persigue a Julian desde hace más de 2200 años. Y la autora, con una prosa fluida, divertida y sencilla, consigue hacer  pasar un buen rato a quien se atreva a abrir las páginas de este libro.

Pero no todo es de color rosa, valga la redundancia. A pesar de su agilidad y la velocidad de narración, que hace que en ningún momento la lectura se te haga pesada o te aburra, los epítetos sobre las cualidades maravillosas del protagonista masculino se repiten con demasiada frecuencia. Desde que Julian aparece sabemos sus impresionantes atributos físicos y su atractivo inmortal; repetirlo cada dos páginas no me parece necesario y, como hombre que soy, crea cierta frustración imaginar al hombre que describe la autora y sentirse tan poca cosa. Lo que me lleva a pensar que es una novela dedicada al público femenino, puesto que la protagonista femenina, a pesar de su atractivo, la autora apenas hace hincapié en él, y deja claro las bondades de su interior y la luz que puede salvar a ese hombre tan atractivo como atormentado. En esta historia, ella es la luz que ilumina la oscuridad de él. Y él es un portento físico que hace que esa luz siga brillando.

Un amante de ensueño es una novela que se lee rápido, que engancha y te hace querer saber más. Pero que la repetición de algo que ya queda claro desde el principio, le resta ritmo y velocidad a la acción.

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