martes, 6 de junio de 2017

El amor empieza después del café. Xuso Jones.


El amor empieza después del café es una novela romántica de corte juvenil de Jesús Segovia Pérez, conocido como Xuso Jones. Es el primer volumen de una trilogía que acaba de concluir.

En esta novela nos cuenta la historia de Paulo y Olivia principalmente. Hay huecos para personajes secundarios como Vanessa y Raquel y otro más pequeño para personajes que están sin aportar nada como el hermano de Paulo y sus padres.

Paulo es un publicista por vocación. Trabaja en una agencia muy importarte, pero sin desempeñar cargos específicos, quedando como un chico de los recados. Tiene una relación con Vanessa, una bloguera de éxito, muy guapa y con miles de seguidores. Cuando Paulo decide dejar esa empresa para desarrollar su faceta como publicista y explotar su creatividad, Vanessa muestra que el motivo de su relación es los pases a fiestas V.I.P. que Paulo puede conseguirle a través de la agencia de publicidad. Como suele suceder en la vida, siempre hay una cuerda que aparece en el momento que más lo necesitas para que te saque del fondo del pozo donde algunas personas se empeñan en tirar al resto de los mortales. Y esa cuerda se llama Olivia, una chica que acaba de llegar al edificio donde Paulo vive y que es todo lo que Paulo no conoce. Simple, humilde, simpática y muy inteligente. Empiezan compartiendo trozos de pizzas de las que Olivia es una fan asidua y terminan juntando sus esfuerzos para desarrollar un producto que a Paulo se le ha ocurrido a raíz de una anécdota que vivió el último día que estuvo trabajando en la agencia de publicidad.

Es una novela romántica que muestra que juntando fuerzas se puede conseguir una meta más alta y, posiblemente, con menos esfuerzos que si se emprende una misión en solitario. También es un ejemplo muy bueno de que las cosas si se comparten, dejan un sabor de boca mejor y también más escollos que salvar. Y una novela que enseña que a veces, el consuelo a la tristeza está en una simple conversación frente a un café o un pedazo de pizza.

La novela está lleno de momentos cómplices, y de algunos desencuentros. Me ha gustado mucho como el autor pasa de una situación triste a un capítulo nuevo sin ahondar en la herida y dejando que la sensación de tristeza se arregle gracias a la conversación y a la comprensión que debe existir en cualquier relación que los seres humanos establezcan entre ellos. Te deslizas entre las páginas con emociones encontradas, donde no puedes llegar a sentir felicidad absoluta ni una tristeza palpable por la sucesión de hechos constante. Puede que el lenguaje sea simple y sencillo, falto de recursos, pero a mí me ha parecido el lenguaje que una historia así tiene que tener.

Y yo, enemigo de los finales, y más aún de los finales tristes, he sentido que es posible destrozar una historia completa en una sola línea. La última línea de esta novela tira por tierra el trabajo de meses y todo lo que se ha construido gracias a ese trabajo. Y en mi opinión, una historia así no se merece esto. Se queda en puntos suspensivos, porque tiene una continuación y yo, sinceramente, estoy deseando saber qué ocurre con Paulo y Olivia.

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