viernes, 2 de junio de 2017

La ciudad de las estrellas La, la, land



A lo largo de mi vida he escuchado todo tipo de opiniones sobre los finales. Hay quien los prefiere tristes y hay quien los prefiere felices. Puede incluso que haya quien prefiera que no haya final. Cada quien argumenta según su criterio y su forma de ver las cosas pero percibo que hay cierta unanimidad a la hora de definir que una obra de calidad tiene que tener su parte triste.

Un servidor, inculto y no entendido en casi nada, está de acuerdo con quienes afirman que una obra dramática llega más fácilmente al corazón porque solemos recordar los momentos tristes de un modo más intenso que los felices. Pero también creo que hay obras para las que existe un final determinado, triste o feliz y que no disminuiría la calidad de la obra. Y eso es lo que he pensado tras ver La ciudad de las estrellas. Es una película muy bonita, llena de colores y efectos que dejarán maravillados los ojos. Llena de canciones que dejarán maravillados los oídos, y llena de un final que dejará encogido el corazón. El motivo por el que lo hace, merece ser descubierto por uno mismo.

Creo que es posible interpretar el contenido de esta película de varias formas. Que puede ser que, al igual que ocurre en muchos poemas, las palabras solo expresen el contenido de algo que signifique otra cosa. Puede ser que esa escena que parece un flashback sea un suceso que pasó realmente y no algo que debería de haber pasado y no pasó. Quizá incluso cabe la posibilidad de que no sea nada de lo que he argumentado anteriormente y sea simplemente una visión que muestra lo que podría haber pasado si, por una vez en la historia, el ser humano fuese capaz de ser fiel a su palabra y caminar el sendero que lleva al destino más hermoso aunque esté lleno de piedras y espinas.

Durante la película sonarán canciones que se quedan dentro de nosotros y nos llevan a esa Ciudad de las estrellas que nace cuando dos corazones que se entienden se juntan. Y en mi opinión el contenido de esas canciones también se merecían reflejar la historia que nos cuentan.

Es una película para ver y para oír. Lamento que ambos mensajes no vayan cogidos de la mano pero tampoco puedo decir que la sensación haya sido negativa. Cuando disfruto de una obra, quiero que me cuenten ciertas cosas que me hagan tener esperanza y no un telediario lleno de tragedias. Y justo es el motivo porque el que el impacto que ha causado La ciudad de las estrellas no ha sido de esos que dejan una huella tan indeleble que es capaz de hacerte sentir esperanza por mucho tiempo que pase. Podría haberlo hecho, no era difícil premiar el esfuerzo y cumplir las promesas que no deben hacerse. Sin embargo, se optó por reflejar la realidad de una forma más clara. Y, por este motivo y no por otro, no es de las historias que se quedan grabadas en el pecho y dejan una sensación bonita cuando te acuerdas de ellas.

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