martes, 25 de julio de 2017

Amor en verso Collen Hoover


¿Preferirías no enamorarte jamás o enamorarte de alguien que no puedes tener?

Partiendo de esta pregunta para la que es posible dos respuestas pero multitud de razones para argumentar cualquiera de las dos, y aunque en principio la pregunta carezca de sentido porque no enamorarte y amar a alguien que no puedes tener significa sufrir de soledad, Collen Hoover nos invita a Michigan con una historia ambientada en el ámbito estudiantil y en el proceso que requiere superar la partida de un ser querido a ese lugar del que no se regresa. La historia comienza con el golpe duro para Layken y su hermano Kel que supone un cambio de domicilio debido a una oportunidad laboral para su madre. El cambio de ciudad y de hábitos para los adolescentes nunca es sencillo y se deja notar en las acciones de Layken, que a veces se muestra peor que una cría horripilante de cinco años a la que nunca se le ha negado nada.La adaptación a la ciudad se hace más sencilla cuando conoce a su vecino de enfrente, Will estableciéndose entre ellos una amistad de esas que acaba con los vacíos y las soledades que aparecen cuando dejas atrás todo lo que has conocido hasta ahora y te adentras en un camino donde no sabes qué habrá en el siguiente paso que des. Hasta que comienzan las clases y Layken que ese vecino que ha sido un apoyo importante para los primeros días de estancia en Michigan, es su profesor de lengua inglesa. Y las normas del centro son muy tajantes en cuanto a la relación entre el profesorado y el alumnado.

La novela se lee en dos ratos, es sencilla, también dulce, aunque en ocasiones Layken es peor que la niña de El Exorcista. Will lleva su contrariedad por las normas establecidas de un modo más callado, pero la autora deja traslucir perfectamente que para él tampoco es fácil hacer como que Layken es solo una alumna más y obviar los momentos que vivieron antes del comienzo del curso. La aportación de los personajes secundarios es positiva, sobre todo el papel de Kel, el hermano de Layken, que permite que las decisiones que ella toma desde la cólera y la sinrazón, no sean permanentes y el contacto entre Willy y ella siga produciéndose sin que nadie pueda sospechar que se están saltando las normas del centro. La ambientación, en mi opinión, está muy conseguida, pues un pueblo tranquilo es el lugar ideal para que se desarrolle una historia tranquila. No quita que la historia transcurra de un modo constante sin que haya momentos de relleno ni momentos de narración trepidantes. De ahí su lectura calma y pausada. Y es fácil ver los atardeceres de la ciudad y los lugares de ambiente donde los jóvenes se reúnen. 

Amor en verso es una novela que deja un recuerdo dulce, que enseña el valor de la constancia y de creer que mientras las cosas no se ponen claras sobre la mesa, nuestros temores no están fundados ni tienen validez alguna. Invita a hablar de frente y a olvidar los prejuicios y los imposibles. A entender que cuando nos dan a elegir dos opciones, es posible que la respuesta válida sea una que no está en el enunciado y que en ocasiones es posible ir más allá y si te preguntan blanco o negro, la opción del claroscuro también puede ser válida para poder llegar hasta el final. No es una historia que deje una huella profunda, ni envejecerá como un clásico, pero a poco que gusten las historias románticas donde siempre estén ocurriendo cosas, hará pasar un rato muy agradable a quien decida adentrarse en sus páginas.

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